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La historia de Lolita

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En febrero de este año, recibimos una llamada desde un pueblo cercano a Toledo. Pablo Peñalver, uno de nuestros voluntarios más entusiastas y activos en la zona, había encontrado una galga con las patas delanteras destrozadas. Por las heridas que tenía sabíamos que no había tiempo que perder si queríamos salvárselas.

Entonces, cuando empezábamos a coordinar con Pablo la mejor manera de llevar a Lolita hasta Barcelona, recibimos otra llamada urgente que cambió todas nuestras vidas en seguida.


La llamada fue de Villar-Rosàs, una agencia de publicidad de Barcelona. Richard Browse y Melanie Andrada, del equipo creativo, habían visto un articulo sobre SOS Galgos en la revista gratuita Metropolitan y nos preguntaron si sería posible hacer un corto sobre el rescate de un galgo para un proyecto que tenían encima de la mesa.

De esta manera empezó la historia del viaje de Lolita a un lugar seguro, y también una colaboración y amistad verdaderamente especial entre todos los que participaron en el proyecto.

Aquí abajo, algunas de la personas involucrados en el rescate de Lolita nos cuentan su parte de la historia.

Muerta de miedo

Pablo nos cuenta como encontró por primera vez a Lolita.

“Un domingo por la mañana me avisan que hay una hembra de galgo en muy mal estado en un criadero de cerdos. Me dirijo urgentemente allí,
y me encuentro a Lolita, tirada en el suelo. Era una mañana muy fría, mucho aire, aunque había algunos rayos de sol.

Ví a Lolita tumbada. Su mirada reflejaba un miedo extremo. Se le notaban todas las costillas como si fuese un saquito de huesos. Temblaba de miedo, estaba muerta de miedo. Me acerqué a ella, y lo peor estaba por ver.

Al acercarme se levanta, y pude comprobar como le costaba tenerse en pie. Las dos patas delanteras estaban casi seccionadas y a pesar de ello intentó correr como pudo.

Fuí corriendo detrás de ella. Intentó morderme. La fuí acorralando hasta que tuve mucha fortuna: entró en una nave. Como un torito en el ruedo que sabe que va a morir, se dejo caer al suelo. Me acerqué despacio a ella, de rodillas, y ella solita no hizo nada. Le puse un bozal y la cogí en brazos. Pesada nada, era un saco de huesos. Me temí lo peor.


Llamé a Anna y me dijo que hiciese todo lo posible por salvarla. Entonces nos fuimos de urgencias Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Allí la atendieron. Le curaron las heridas e iniciamos un tratamiento, para ver si podía responder.

En ese momento, todo lo que estábamos haciendo podía quedar en nada, porque no sabíamos si se podría recuperar. Si no se hubiese podido recuperar habría que haberla sacrificado….

Después la atendió el veterinario de Consuegra-Madridejos, con un nuevo tratamiento, nuevas curas y Lolita empezó a responder.

Además, Lolita estuvo todo el tiempo muerta de miedo. Le construimos una casa con palets, de tal manera que ella pudiera entrar y salir, aunque lo hacía pocas veces porque se movía con dificultad. Pero tenía una tapa arriba, y por arriba podíamos sacarla. Así la curábamos (3 veces al día). Esto exigió pedir ayuda porque una sola persona no podía atenderla. Por eso participan: Nines, Marta y Eva durante las curas.

Después ya contactamos con Anna y se encargó de llevarla a Barcelona.”

14 horas de viaje

Richard de Villar-Rosàs nos explica cómo fue el rodaje.

“Salimos de Barcelona con la furgoneta y el transportín de galgo a las 4 de la mañana. Melanie, Víctor, Yo, Pau con las dos cámaras y Pablo con el equipo de sonido. La cuidad es otra a estas horas – no había nada de tráfico. Conduje unas 3 horas y luego paramos para desayunar y hacer cambio de conductor. Mientras bajamos a Consuegra, Víctor y Pau empezaron a grabar material para la secuencia del viaje de Lolita dentro de su transportín.

Llegamos al hotel a medio día. Comimos rápidamente y después fuimos directamente con Pablo a la casa de acogida de Eva. Aquí conocimos a Marta y Nines, otras dos voluntarias de SOS Galgos.

Lolita estaba metida dentro de su casita de madera. No salió. Empezamos a grabar la despedida de Pablo con Lolita y cuando Pablo la sacó de su casita vimos todos por primera vez el miedo que tenía. Estaba temblando y tenía las dos patas delanteras cubiertas de vendas.

Solo se tranquilizó cuando Pablo la cogió en brazos, pero nunca olvidaré la mirada que tenía, el miedo que se reflejaba en sus ojos. Fue en aquel momento cuando realmente me di cuenta de la importancia del trabajo que hacen cada una de las personas asociadas con SOS Galgos.

Grabamos mucha material de Pablo con Lolita porque sabíamos que la relación entre ellos era el punto más emotivo de la historia. Fue Pablo el que le salvó la vida a Lolita. Fue él quien le dio la oportunidad de empezar su vida desde cero.


Por la tarde Pablo nos llevó al sitio donde había encontrado a Lolita; una casa de campo abandonada. Pablo lo llamó: “El Cementerio de Galgos”, y cuando entramos entendimos por qué. Entre las piedras y vigas caídas encontramos los huesos de un par de galgos muertos y los restos de varias sogas colgadas.
La casa fue para mí una buena metáfora de la caza con galgo en España. De lejos, con la luz del sol del atardecer iluminando las paredes, parecía algo muy bucólico. Pero una vez dentro, la casa era algo terrorífico. La usamos como el inicio y final del corto.

Al día siguiente nos levantamos pronto y recogimos a Lolita en la casa de Eva. Nos despedimos de Pablo y Eva y empezamos las 7 horas de vuelta hasta Barcelona, con Lolita dentro del transportín de SOS Galgos. No me acuerdo de haber oído ni un solo sonido de Lolita durante todo la vuelta. Supongo que estaba muy asustada, pero se comportó muy bien y a las 20.45 llegamos a la oficina de SOS Galgos donde nos esperaba Anna.

Una vez aparcamos, Melanie y yo sacamos el transportín, mientras que Víctor, Pau y Pablo filmaron el primer encuentro entre Anna y Lolita. Otra momento muy importante de la historia.

Volvimos el día siguiente para grabar las últimas secuencias con Albert, el veterinario de SOS Galgos, y el baño de Lolita. Me acuerdo perfectamente de la cara de Lolita mientras Anna la estaba secando con una toalla enorme. Fue la mirada de alguien que ha vuelto a casa después de un viaje muy largo. Estaba cansadísima, pero muy contenta.”

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