A la memoria de Lulú

Lulú se nos fue la noche del 16 de noviembre. Después de un rápido deterioro de su salud nos vimos obligados a tomar la difícil decisión de dormirla. Le robamos 12 horas a la muerte y en esas horas le mostramos y resumimos todo el amor que hemos compartido durante 8 años y 8 meses. Su partida fue dulce y llena de un extraño cariño que se escapaba como el soplo de su vida. Ella sabía que se iba y su entereza, seguridad y calma nos llenaba de tristeza.

Lulú, para quién no la conoció, era como todos los galgos. Dulce, serena y amante de su familia. Pero para nosotros Lulú es única e irremplazable. Ella no tenía más ojos que para su familia y para nosotros no era la galga perfecta pero sí la mejor para nuestra familia. Ella nos domesticó y nosotros la domesticamos.

Llegó a SOS Galgos con el fin de la temporada de caza a finales de enero del 2003. Con las carreteras de Castilla llenas de nieve SOS Galgos tuvo ciertos problemas para recuperar a dos galgos que un cazador amenazaba con deshacerse rápidamente. Lulú llegó con terribles secuelas psicológicas y una cicatriz en su lado izquierdo del cuello.

Fue acogida por distintos voluntarios y adoptada posteriormente. Su miedo complicó el éxito de la adopción. Llegó a nuestro hogar en marzo. Con su miedo silencioso, su discreción, esa mirada perdida y huidiza se hizo un hueco en nuestra familia. Tener a Lulú era como no tener perro y seguimos acogiendo. Sus avances eran muy lentos pero cuando los galgos que acogíamos se iban, esos pequeños avances se convertían en grandes retrocesos. En una ocasión hubo que tratarla pues cayó en una depresión.

Durante los primeros 18 meses Lulú parecía un galgo autista. Sociable solo con otros perros, y corría con algunos. Era su único momento de felicidad. No se dejaba acariciar por nadie. No nos perdía de vista pero si alguien se acercaba a ella se encabritaba como un potrillo.

Su actitud empezó a cambiar muchos meses después, cuando llegó otro compañero a casa a quedarse definitivamente. Entonces Lulú tenía ganas de salir, de correr, de jugar a su manera pues desconocía el jugar. Cambió la luz de su mirada. Esa mirada ya no era huidiza, si no que buscaba la nuestra continuamente. De hecho, nos comunicábamos con miradas. No hacían falta las palabras. Lulú nos adoraba y mostraba su felicidad. Empezaba a golpear con su cola paredes, radiadores y parecía que sonaban las campanas. Saltaba, se agachaba y tenía esos momentos de locura discreta que tanto nos gustaban.



Lulú paseó por distintas ciudades europeas donde llamaba la atención. Corrió por prados que su Kaza ni siquiera puede imaginar. Asistió a stands, memoriales y actividades a favor de los galgos. Lulú fue feliz y fue para nosotros un miembro más de la familia a quien respetar y querer. El ciclo de Lulú se completó sin darnos cuenta. Sin pensar que ya no viviríamos más navidades, ni más viajes juntos. Su partida nos ha dejado inmersos en una gran tristeza pero seguirá viva mientras nuestros recuerdos persistan. Seguimos queriéndola.

Lulú ha sido de esos galgos que la mayoría no quiere. Un galgo difícil que hay que ganarse día a día. Un gran reto que ha tenido una compensación increíble. Los galgos no son así. No nacen miedosos, ni tristes ni desconfiados. Eso es obra y gracia de otro tipo de ser humano.

Agradecer la labor de todo el equipo de SOS Galgos. A Anna y Albert por luchar por ellos y traerlos a nuestros hogares. Ellos salvan galgos y los galgos nos hacen felices.


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